El poder de la universidad

Víctor García Hoz

El problema

"La Universidad debe ser responsable de la formación de los cuadros dirigentes de la vida nacional". Esta frase tomada de los periódicos, expresa una especie de consenso universal en la sociedad de hoy. Pongamos junto a él la también cuasi universal irritación por las perturbaciones sociales que arrancan de la Universidad y tendremos un adecuado marco referencial para la espinosa cuestión de si la Universidad está en condiciones de hacer frente a las responsabilidades que le atribuyen. En otras palabras ¿tiene poder la Universidad para cumplir los objetivos que se le asignan?

En la mayoría de los abundantes escritos en lengua española sobre la Universidad, aparecidos en periódicos, revistas y en forma de libros, se habla de ella como si fuera la única entidad dedicada a la cultura, una especie de isla o ciudad amurallada en la cual se conservan, y tal vez se aumentan un poco los conocimientos científicos que se suministran, con parquedad y únicamente, a los que han logrado entrar a formar parte de la institución universitaria.

Por otra parte, con retórica o sin ella, a la Universidad se le atribuye una influencia e incluso un poder singular en la ordenación y en la vida de la comunidad humana.

Estas actitudes responden a una visión de lo que la Universidad fue y representó hasta el siglo XVII. Ciertamente, desde los siglos XII ó XIII en que nacieron las universidades medievales de las cuales son herederas las actuales instituciones universitarias, toda la cultura, la cultura filosófica y científica se entiende, no las manifestaciones artísticas y técnicas del quehacer humano, estaba en la Universidad o en función de ella vivía. Igualmente se puede afirmar que llegó a constituir un poder frente a otros poderes, eclesiásticos o civiles, del país en el que cada Universidad radicaba.

Pero de entonces acá, la sociedad de la cultura y, por tanto, de la Universidad, ha cambiado. Veamos con algún detenimiento esta cuestión.