La minoría que prepare la nueva civilización su necesidad y formación

A. Garmendía De Otaola

La civilización es el florecimiento de la humanidad; algo, a la vez, frágil y reciente. Reciente pues sus primeros resplandores no van más lejos de ocho o nueve mil años, cuando la vida del hombre en la tierra está calculada en medio millón. Una noche larga y lóbrega cubre espacios y tiempos insondables. La civilización es un fenómeno complejo. Implica la existencia de comunidades humanas, caracterizadas por organizaciones sociales y políticas, que dominan y utilizan las fuerzas naturales y las adaptan al nuevo ambiente creado por y para el hombre: organizaciones que poseen religión, sabiduría, derecho, arte, ciencia, comercio, comunicaciones... , y, en último término (aunque no el menos importante), se componen de individuos capaces de recibir este complejo intrincado, acrecentarlo y transmitirlo a una posteridad idónea.

En realidad, esta última consideración es el eje de todo, es el secreto del éxito y la explicación de mil tragedias. La marcha del hombre a través de los tiempos no ha sido firme ni continua, sino lánguida, desorientada, con altibajos aterradores. Unos pueblos perecen, otros se detienen al borde del camino, otros resbalan a la decadencia. El paso del hombre por la sobrehaz de la tierra está marcado por ruinas, desastres, guerras, lágrimas.