El desafío de la sociedad a los educadores

Julio Ruíz Berrio

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Si se intenta analizar las peculiaridades de la educación actual, con facilidad se podría pensar en colocar sobre ese análisis un epígrafe que ya se está convirtiendo en tópico: La revolución de la enseñanza. Pero nos resistimos a hacerlo porque con toda humildad opinamos que no se ha realizado dicha revolución, aunque se haya proclamado su necesidad o se efectúen intentos muy importantes. Además, el término revolución referido a la enseñanza se ha usado muchas veces, y alguna ya lejana, como cuando Claparéde habló a principios de este siglo de "revolución copemicana de la pedagogía".

Por otra parte, podría conducimos a hablar de la pedagogía como de algo fuera del hombre, aunque en un momento dado se interfieran sus planos. Y si muchas veces en la historia se ha subrayado el conjunto hombre-sociedad-educación, en la etapa presente no sólo se acepta sin reservas, sino que se procura valorar al máximo. ¿No es este el momento en que aparecen con alta frecuencia las historias "sociales" de la humanidad o de distintas realizaciones del hombre? ¿No son los mejores historiadores del mundo, y los más aceptados del momento, los que no consideran sus trabajos completos si no hay atención especial a las posibilidades, modos y consecuencias de la educación de los hombres en un tiempo y lugar determinados? Es decir, considerando el cambio pedagógico como aislado y especial. no nos hallaríamos muy lejos del concepto denigrante que Víctor Hugo tenía del pedagogo. Es más, quizá se pudiera reconocer que lo que haya de revolucionario en la pedagogía actual tiene el mayor número de causas en algo ajeno -en principio- a la misma pedagogía.

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