La familia, problema de educación de adultos

Oscar Sáenz Barrio

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Bajo este titulo, el Comité de Educación Extraescolar del Consejo de Europa reunía a primeros de Junio de este año delegados de todos los países firmantes de la Convención Cultural. El año pasado se creó en París la Asociación Internacional de Organismos Familiares; en todo el mundo se crean instituciones privadas y públicas, incluso Ministerios, que se ocupan de la familia, y en todos los países se multiplican las Asambleas, reuniones y seminarios con idéntico fin. El resultado evidente es que la familia está hoy en el candelero de la actualidad.

En toda Europa la familia se transforma rápidamente como unidad social, económica y cívica. La industrialización, la emancipación social, el intercambio de los estratos sociales y el recreo de carácter colectivo le enfrentan a peligrosas situaciones. Numerosas naciones han tomado contacto con los problemas que lleva consigo esta evolución. Por una parte se institucionalizan las aspiraciones de organización y problemática familiar, y de otro lado se tienen en cuenta las fuerzas aprovechables que se manifiestan en su seno y en el de otras comunidades, fuerzas que han de servir para fundamentar las bases de una vida familiar sana, para colocar a la familia en el lugar que le corresponde dentro del concierto social.

Está a la vista que existe un régimen institucional pe educación técnica, humanística, profesional y artística, pero la familia, en, cuanto objeto doctrinal y problemático a estudiar, investigar y orientar, no cuenta con una organización adecuada, y cuando la hay, figura en régimen de «libre» bajo la genérica denominación de educación extraescolar.

Es evidente que la educación de adultos debe contribuir al éxito de estos esfuerzos. Se trata de una nueva concepción de la educación popular para el ambiente español; hasta ahora venía ocupándose de la recuperación de analfabetos y la promoción educativa de grandes masas de indigentes culturales, aparte de actividades de extensión cultural de carácter artístico y culturalmente más difusas. Incorporando la educación familiar a la formación popular, se abren posibilidades in sospechadas a la educación de adultos, conquistando nuevos campos de enseñanza y facilitando el acceso a más amplias esferas de perfeccionamiento humano. Es cierto que la Iglesia tiene una función clara en este dominio, pero no lo es menos que su limitación viene impuesta por el mismo carácter religioso y moral con que se ocupa. La formación familiar presenta otras vertientes: legales, psicopedagógicas, sociales, biológicas, etc., que deben dar carácter a un tipo especial de actividad, en la que tienen un puesto irrenunciable muchas organizaciones públicas y privadas y muchas especialidades de contenido humano.

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