El carácter integrador de la historia en la formación humana

José Antonio Jiménez López

Quizá todos nos hemos tropezado en no pocas ocasiones con jóvenes estudiantes que con gran dosis de vanidad y celo nos dicen que ellos siempre han «odiado la Historia», pues se trata de una erudición libresca muerta y de escasa utilidad social; no tiene otra cosa que fechas y una serie de problemas aburridos que hacen considerarla con tedio y hastío, pues obliga a un irracional aprendizaje memorístico sin utilidad alguna para la vida del adolescente. Si bien esta actitud no carece de fundamento , lo cierto es que no denuncia en sí la ciencia histórica, sino una manera de concebirla, una metodología raquítica, un tipo de enseñanza que nunca excita la curiosidad ni la imaginación de los alumnos , y unos libros de texto que pretenden agradar a todos eludiendo estados de cuestión y centrándose en problemas de difícil resolución o en anécdotas triviales sin utilidad alguna, o que son medios para crear convicciones o perpetuar visiones del mundo caducas e interesadas.

Bien es cierto que existen otros muchos alumnos que, aunque muestran una actitud más abierta a los contenidos históricos , cuestionan igualmente su utilidad porque la consideran «Un libro de contabilidades y desdichas de los hombres » o como dijo Napoleón: «la mentira en que todos estuvieron de acuerdo» , pero en momento alguno tampoco se detienen a comprender esos volúmenes de «necedades y desdichas de los hombres » , ni a descubrir de qué manera la Historia está cargada de vida, ni a separar la verdad y las mentiras que Napoleón refiere.

La sentencia expresada por Nisbert y Shucksmith de que: « el aprendizaje más importante es aprender a aprender», parece llevar camino de convertirse en una de las preocupaciones dominantes de la educación escolar. Pero si aprender a aprender supone obtener información sobre un tema determinado, conocer las reglas que pueden aplicarse a la resolución de un amplio conjunto de problemas más particulares , asimilar la lógica de las diferentes formas de investigación y los métodos que han logrado realizar descubrimientos, y cultivar una disposición habitual que sea intrínsecamente provechosa, entonces el modelo de profesor que se precisa hoy es aquel que se define por su competencia para la adopción de decisiones sobre el currículum, los estudiantes y la enseñanza en la clase, y que se esfuerce por detectar y proponer aprendizajes significativos , relacionando su actividad con el contexto social y la comunidad local para que el alumno adquiera y utilice los conocimientos científicos de una manera eficaz.