El sentido de la vida ... ¿entra en el examen?

Andrés Jiménez Abad

Es bien conocida, al menos entre los iniciados, la afirmación kantiana de que «el campo de la filosofía se resume en las siguientes preguntas:

1) ¿Qué puedo saber?

2) ¿Qué debo hacer?

3) ¿Qué me es posible esperar?

4) ¿Qué es el hombre?

«De la primera pregunta, prosigue Kant, se ocupa la metafísica; de la segunda la moral; de la tercera la religión, y de la cuarta la antropología. Pero en realidad, todas ellas se podrían incluir en la antropología, pues las tres primeras preguntas se refieren a la última» (Lógica, VIII).

Sin llegar a tomar esta afirmación en sus implicaciones más ambiciosas, parece indudable que la pregunta por el ser y por el sentido último de las cosas implica una puesta en juego del ser y del sentido último del hombre que así se interroga y, así mismo, que la comprensión que pueda alcanzarse del ser humano es una clave decisiva para el estudio y valoración de la mayor parte de las cuestiones, filosóficas o no, que el hombre aborda.

De ahí que, en una primera aproximación a la filosofía, como es el caso del bachillerato o de la educación secundaria, debe ocupar un lugar relevante el acercamiento de los jóvenes a una comprensión de lo que es el hombre, de sus dimensiones constitutivas, de su capacidad y necesidad de sentido. Ahora bien, ¿tiene esto interés hoy en educación?