La ausencia del padre y los hijos apátridas en la sociedad actual

Aquilino Polaino-Lorente

La ausencia del padre en la educación familiar ha tenido una amplia y errónea tradición, pero nunca hasta hoy tal ausencia se había transformado en destierro. El padre -como también su figura- ha sido desterrado del ámbito de la familia, del escenario natural del hogar. Esta ausencia amenaza con ser total, es decir, que no sólo se limita a la mera presencialidad física, sino que se adentra también -y de forma muy relevante- en otros ámbitos que resultan irrenunciables para la formación de los hijos.
La ausencia del padre es hoy, fundamentalmente, emotiva, cognitiva y espiritual, además de física. Aunque tal privación influye necesariamente en todos los hijos, cualquiera que sea su género, no obstante, las consecuencias repercuten más en los hijos varones. Por esta razón, en las líneas que siguen nos ocuparemos casi exclusivamente del varón. El eclipse de la paternidad condiciona una más pobre y menor relación entre los hijos y sus padres, hasta el extremo de que la vida entre ellos ya no se comparte y, en consecuencia, no puede darse convivencia alguna. Tal ausencia supone en los padres una huida de la responsabilidad personal, por cuyo defecto se configura un tipo de estructura relacional que, desde su distancia, es mucho más nociva para el hijo, como tendremos ocasión de observar a lo largo de esta intervención.