Vol. LXXVI (2018) - Nº. 270 Epistemologías de la complejidad y educación.

Ballester, L. y Colom, A. (2017).

Epistemologías de la complejidad y educación.

Barcelona: Octaedro. 198 pp.


Lo complejo se nos presenta como el fundamento de una nueva epistemología, de una nueva narratividad, acerca del conocimiento de la realidad. El contenido del libro se aproxima a la idea de la complejidad, aceptando las implicaciones metodológicas y epistemológicas que ello conlleva. Los autores pretenden desentrañar a lo largo de sus páginas, el múltiple cruce paradójico que se presenta al hablar de complejidad, en donde cabe tener en cuenta que lo complejo no es lo complicado; al contrario, es lo sencillo; mientras que lo complicado no es lo complejo, es lo simple. Los autores advierten que, en su desarrollo, solo se han preocupado por las teorías acerca de la complejidad que tienen claramente expresadas aplicaciones pedagógicas. Su primera parte está dedicada a la génesis de las teorías de la complejidad; luego, desde el segundo capítulo hasta el octavo, hacen una presentación histórica y una pequeña biografía de algunos autores y sus obras que en estos últimos años han potenciado más la perspectiva de la complejidad como nueva gramática explicativa de la realidad. Solo en estos siete capítulos se mencionan más de cien referencias bibliográficas, y Ballester y Colom en cada uno de ellos, terminan haciendo una relación de las teorías presentadas con la educación, la escuela o con el aprendizaje. Para finalizar, los autores presentan un novedoso capítulo en el que se demuestra que la cuestión de la complejidad va incidiendo cada vez más en aspectos educativos, así como en los procesos del aprendizaje.

En el primer capítulo, los autores hacen una aproximación a los orígenes cruciales de la complejidad, demostrando y evidenciando que los principios de la ciencia emanada de Newton son puestos en cuestión con el descubrimiento de los fenómenos entrópicos (Carnot, Clasius) y homeostáticos (Cannon). A partir de aquí, los autores desarrollan la Teoría General de Sistemas (TGS) partiendo del biólogo Bertalanffy y mostrando cómo esta propuesta se da en diversas disciplinas, finalizando este capítulo con otros enfoques sistémicos y de complejidad como los sistemas cibernéticos.

El segundo capítulo refiere la particular aportación de Gregory Bateson, reconocido como un precedente fundamental de lo que hoy se denomina pensamiento complejo. Los autores señalan cómo Bateson no trata aisladamente ninguna ciencia o disciplina, ya que integra siempre cualquier cuestión en un cuerpo de conocimiento más amplio, y siempre presenta una visión entrelazada de la realidad que hace que su pensamiento se deslice hacia explicaciones de corte epistemológico. Bateson propone una relectura del pensamiento actual, de carácter holístico y a la vez sistémico.

El siguiente capítulo se centra en David Bohm y la complejidad cuántica. Este físico es referente para la comprensión de la física cuántica, en concreto para la comprensión de los experimentos sobre los efectos de Einstein-Podolski-Rosen. Los autores sintetizan la visión de complejidad del denominado paradigma holográfico de Bohm y señalan que su aportación implica una metafísica de la realidad y una concepción cuántica del hombre, por lo que tanto la física subatómica como las grandes manifestaciones humanas —el pensamiento, la conciencia o la creatividad— se entrelazan y conforman un todo intricado que pretende explicar, bajo un mismo paradigma, tanto la realidad humana como la propia de la naturaleza. Concluyen este capítulo señalando algunos aspectos que muestran que el principio holográfico se cumpliría también en la pedagogía.

El capítulo cuarto está dedicado a «Iliya Prigogine y los sistemas caóticos». Resulta muy interesante la presentación que hacen los autores del creador de la noción de estructuras disipativas (por oposición a las estucturas de equilibrio), ya que abre la complejidad de los sistemas hacia nuevas perspectivas tales como la incertidumbre y la imprevisibilidad. Los autores señalan que la obra de Pri gogine ha posibilitado evidenciar que los sistemas ordenados crean el orden desde el desorden —perspectiva caótica—, planteando entonces una visión de la realidad centrada en la incertidumbre y en el no equilibrio; mostrando una concepción de la complejidad total, introduciendo en los sistemas la aleatoriedad, el desorden y el azar, es decir, las situaciones caóticas.

El quinto capítulo aborda a Niklas Luhmann, considerado como uno de los mayores renovadores de la teoría de sistemas en la sociología. Los autores muestran como Luhmann pretende describir y comprender el funcionamiento de la sociedad contemporánea desde los diferentes subsistemas que la constituyen y las interacciones que tienen lugar en su interior. Desarrollando la teoría de sistemas de este sociólogo alemán, muestran también el riesgo y el peligro en los mismos, las sociedades contemporáneas como sistemas complejos, y finalizan el capítulo refiriéndose al sistema educativo. En el capítulo sexto, los autores traen a colación la obra de Humberto Maturana y las complejidades circulares. Presentan el concepto de autopoiesis, muestran el otro dominio operacional de la dinámica relacional marcada por la cultura, el amor y la formación humana, y concluyen el capítulo con algunos textos de Maturana sobre la misión de la educación.

En el capítulo que continúa, los autores hacen un breve recordatorio de Fritjof Capra y el paradigma ecológico. El interés sobre este autor se encuentra en dos cuestiones: su paradigma ecológico (su gran aporte al tema de la complejidad) y su interés por la educación a través de sus propuestas ecologistas, lo que se dirime en una propuesta de educación para la conservación ecologicoambiental. El capítulo octavo lleva por título «Edgar Morin o la complejidad de la complejidad» y recibe, por parte de los autores, un tratamiento singular, por ser uno de los exponentes de los más altos niveles que el tema de la complejidad haya logrado. Es desarrollado en cuatro partes, a saber: el aporte teórico-antropológico de Morin, el concepto de complejidad, su teoría como epistemología educativa, y la cuarta parte donde aborda su propuesta educativa, concretada fundamentalmente en siete puntos:

1. Las cegueras del conocimiento: el error y la ilusión.

2. Los principios de un conocimiento pertinente.

3. Enseñar la condición humana.

4. Enseñar la identidad terrenal.

5. Enfrentar las incertidumbres.

6. Enseñar la comprensión.

7. La ética del género humano.

La construcción en Morin trasciende la reforma curricular y escolar, ya que entraña la construcción de un hombre consciente de su vertiente biofísica, psicosociocultural, terrenal y cósmica, paralelo entonces al que diseña en su teoría antropológica.

Los autores del libro finalizan con un noveno capítulo llamado «Hacia una comprensión compleja de los procesos educativos: la cognición social y extendida y el aprendizaje en red». Allí señalan que las teorías sobre el aprendizaje y el cambio socioeducativo han asumido la importancia de las interacciones sociales, y, por tanto, de la complejidad en contextos diversos (familia, comunidad vecinal, escuela, grupo de iguales, redes sociales a distancia, etc.). Concluyen diciendo que considerar la interacción educativa en una perspectiva situacional y extendida ofrece una perspectiva para analizar el impacto de los cambios sociales introducidos por las TIC en la cultura educativa, así como en la organización del proceso de enseñanza y aprendizaje. La perspectiva situacional y extendida de la experiencia de los individuos y grupos cambia la lógica de la intervención de los educadores en su función de mediador significativo. Los educadores ya no trabajan solo con los referentes de la comunidad local, sino que deben integrar las referencias cognitivas que la deslocalización introduce.

Carlos Alberto Pabón Meneses