Vol. LXXVI (2018) - Nº. 269 Educación en valores para la ciudadanía. Estrategias y técnicas de aprendizaje.

Pérez-Pérez, C. (2016).

Educación en valores para la ciudadanía. Estrategias y técnicas de aprendizaje.

Bilbao: Desclée. 256 pp.


La premisa básica del libro que nos ocupa consiste en que no solamente es posible educar en valores, especialmente en valores morales, sino que dicha formación ha de ser prioritaria para el sistema educativo formal, situándola al mismo nivel que el aprendizaje de otros contenidos o la adquisición de competencias profesionales. Una tarea ardua y compleja, pero no por ello menos deseable, que nos acercará al perfil del buen ciudadano, necesariamente compatible, desde un punto de vista ético, con el de buena persona. Ante esta empresa, la educación juega un papel completamente esencial pues, tal y como afirma el autor: «la ciudadanía debe venir de la mano de una actuación prioritaria en la educación» (p. 17). La educación, por tanto, ha de prestar especial atención a la hora de planificar, diseñar, implementar y evaluar la educación en valores. No se trata de imponer dogmas o de limitar el espectro educativo al puro adoctrinamiento, sino de sembrar humanidad con la esperanza de cosechar un futuro más digno.

Estructurado en seis capítulos, la obra del profesor Pérez comienza aproximándose al concepto de valor, a sus raíces, orígenes y evolución, para después explicitar las dimensiones básicas que nos ayudan a comprender mejor su complejidad y así poder llegar a definir las características, tipos y sistemas de valores existentes. En esta primera parte es ciertamente interesante destacar los agudos comentarios que durante sus páginas realiza sobre el que ha de existir en una sociedad plural solamente puede ser laica, es decir, autónoma respecto de las creencias religiosas, otorgando la suficiente libertad a las personas para decidir sobre su propia vida. Aspectos de interés que, como no podría ser de otra forma, un libro que versa sobre valores necesariamente ha de valorar. Por ello, la relación que existe entre religión y los valores morales —así como otros temas sensibles— está presente a lo largo de toda la obra.

No hay educación si no se educa en valores, asegura en la segunda parte. Y estos valores, embelesados por los propios de la postmodernidad —más cercanos a gratificaciones inmediatas casi tangibles: placer, presente, estética, individualismo, etc.— deben ser replanteados a la hora de ser trabajados. Así, frente a la postmodernidad, el autor defiende la enseñanza sistemática y planificada de ciertos valores éticos universales, una ética de mínimos, tanto como posibilidad como por necesidad. Tarea en la que, como acertadamente apunta entre otros aspectos, es imprescindible una mejora de la formación específica del profesorado y un mayor acercamiento a las familias, principal institución educadora en valores durante siglos.

Esta ética de mínimos ha de tratar aspectos que generen mayor bienestar y justicia para todos, que respeten la diversidad cultural y los contenidos de las constituciones de los países democráticos, auspiciando por tanto valores como la libertad, la justicia, la igualdad, la hones‑ tidad, la solidaridad, el pluralismo y, en definitiva, todos aquellos que hacen más humana nuestra convivencia social. Siempre teniendo en cuenta, por supuesto, que de nada servirían las destrezas cívicas si no se construyen sobre un sistema moral pues «La educación de los ciudadanos no se puede llevar a cabo sin la formación de las personas» (p. 67).

Tras examinar en qué valores educar, la tercera parte del libro profundiza en cinco de las teorías sobre la educación de valores más señaladas: sociologistas, educación del carácter, filosofía para niños, desarrollo del juicio moral y clarificación de valores. Hemos de tener en cuenta que estamos ante un libro nacido en el seno de la Teoría de la Educación, con numerosas referencias a los miembros que componen el campo, y que por tanto, no podía faltar un asidero teórico que sustentara la práctica posteriormente desarrollada. Pero no debemos por ello pensar que estamos ante un libro eminentemente teórico, pues uno de sus puntos fuertes es la capacidad de progresar desde el discurso hasta la acción, desde la más sólida base teórica has‑ ta las posibles implicaciones pedagógicas que de su lectura derivan.

No obstante, antes de aterrizar en la parte más práctica —capítulo quinto—, la obra se detiene para sopesar la situación actual y las posibilidades existentes en cuanto al papel de la educación para el ejercicio de la ciudadanía propiamente dicha. Una enseñanza criticada y criticable, sin duda, pero sobre la que también pende el peligro de perder las conquistas históricas alcanzadas si no se mantiene la tensión y el esfuerzo que las ha visto nacer. Tal y como afirma el profesor Pérez «El sistema educativo no puede limitarse a las funciones instructivas que tradicional‑ mente ha tenido encomendadas y permanecer ajeno a las nuevas circunstancias del mundo actual» (p. 119). Reflexiones ciertamente pertinentes para comprender qué se entiende por ciudadanía hoy en día en nuestro país, en Europa y en el mundo —gracias a las TIC—, cuáles son sus dimensiones (legales, sociales, económicas, civiles, etc.), sus niveles de implicación y sus repercusiones educativas en el currículo escolar como, por ejemplo, a través del uso del Aprendizaje Servicio (ApS).

Tras este periplo, llegamos a una de las partes más interesantes de la obra: las estrategias y técnicas para el aprendizaje de valores. Sin ser exhaustivos, dependiendo del objetivo que pretendamos conseguir —clarificación de valores, desarrollo de la perspectiva social y la empatía, exposición a modelos valiosos, etc.—, el autor abre ante nosotros un abanico de estrategias disponibles: lista de valores, discusión de dilemas morales, fotopalabra, frase mural, asamblea de aula, etc. En cada una de ellas se realiza una exposición detallada de la actividad y sus obje‑ tivos, el desarrollo de la técnica, el papel del profesor e interesantes recomendaciones para su aplicación. Finalmente, todas ellas quedan clarificadas con un útil gráfico que resumen los pasos a seguir. Un capítulo didácticamente muy cuidado que guiará al interesado para que pueda aplicar sin problemas la técnica seleccionada. Páginas que hacen de este libro una precisa herramienta a la hora de ayudarnos a educar en valores.

Por último, defendiendo la creencia de que lo que no se evalúa se devalúa, el profesor Pérez cierra el libro con un capítulo sobre técnicas de evaluación igualmente aplicables y bien articuladas. Si la tarea evaluativa ya es de por sí compleja y farragosa, más todavía al tratar aspectos sensibles como son los valores, sobre todo los valores morales. En este sentido el autor es claro: «no tiene sentido dejar de evaluar estos procesos […]. La evaluación es intrínseca al aprendizaje» (pp. 217‑218). Estamos ante un capítulo controvertido, como lo es el libro dada su temática, donde el autor termina como empezó, contribuyendo con su saber, y desde un punto de vista pedagógico alejado de la mera opinión, a la planificación, enseñanza y evaluación de una de las facetas más importantes, si no la más importante, de todo el proceso educativo. Gracias a su obra, los lectores que tengan a bien apreciarla, sin importar el nivel educativo en el que trabajen pero siendo especialmente interesante para los previos al universitario, podrán conseguir que sus clases sean más cívicas, más plenas, más humanas.

José L. González-Geraldo