Pedagogía mesoaxiológica y concepto de educación.

Touriñán López, J. M. (2015).
Pedagogía mesoaxiológica y concepto de educación.
Santiago de Compostela: Anvira. 382 pp.


 

Para mí, la educación es un objeto del que se predica la complejidad. Y la complejidad objetual de “educación” nace de la propia diversidad de la actividad del hombre en la acción educativa» (p. 340). En esta afirmación encontramos condensado el significado y el porqué de este libro. En contadas ocasiones, y esta es una de ellas, el profesor Touriñán establece un juicio tan personal sobre el objeto del libro. De ahí que usemos esta afirmación para introducirnos en su propia concepción del fenómeno educativo y en el porqué del libro. El profesor José Manuel Touriñán es catedrático de la Universidad de Santiago de Compostela, y cuenta con más de cuarenta años de experiencia. Su labor académica ha sido reconocida en numerosas ocasiones. Está en posesión de la Insignia de Oro de la Universidad de Santiago de Compostela (1998), la Medalla de Plata de Galicia (1998) y la Insignia de Oro de la Universidad de La Coruña (2000). Además, es profesor honorario de la Universidad de Buenos Aires (1993).
Durante el periodo 1990/97 fue, además, director de Universidades e Investigación de la Junta de Galicia. La obra del profesor Touriñán la componen más de 250 trabajos de investigación.

El trabajo realizado en este libro es importante, al menos, por dos motivos. El primer motivo es epistemológico, ya que profundiza en un tratamiento sistémico y teórico del conocimiento de la educación frente a la vulgarización del conocimiento pedagógico. En efecto, muchas veces, la cercanía y cotidianidad de la experiencia educativa nos esconde o enmascara su densidad y la necesidad de un estudio riguroso y científico. Por otra parte, el trabajo no responde a la mera especulación intelectual. Más bien responde al interés por fundamentar y dar sentido pedagógico a la intervención y transmisión educativa desde la propia ciencia educativa (autónoma) y no de forma subalterna o marginal (como ya explicaba el propio Touriñán en un trabajo de 1988 en la revista Educar). Resulta por ello un libro fundamental (y fundante) para todos aquellos que se aproximan al estudio de disciplinas peda- gógicas. Desde los estudiantes de grado a los doctorandos, e incluso profesores que se encuentran con la apasionante tarea de enseñar e iniciar a otros en el conocimien- to teórico y filosófico de la educación. Esto se concreta en un evidente afán didáctico que cuenta en más de 41 cuadros explica- tivos. Por tanto, no pensamos que sea una obra de divulgación, ni orientada a padres deseosos de recetas pedagógicas.

Si nos adentramos en sus contenidos, la obra está compuesta por ocho capítulos que, ordenados coherentemente, ofrecen una visión holística del fenómeno educa- tivo; esto es, de aquellos criterios que nos llevan a calificar como tal determinados procesos. Además, para enmarcarlo ade- cuadamente debemos mencionar también otros trabajos que completan y profundizan en las temáticas. Se trata del libro Dónde está la educación: actividad común interna y elementos estructurales de la in- tervención (Netbiblo, 2014). En total, más de mil páginas dedicadas en exclusiva al conocimiento de la educación: saber qué es la educación para intervenir y crear ámbitos de educación.

En el primer capítulo se nos ofrecen una serie de herramientas conceptuales para (re)construir una hermenéutica pedagógica en torno al significado de la educación para superar las antinomias que lastran su contenido. En efecto, el profesor Touriñán, siguiendo, entre otros, a Esteve, es capaz de identificar una serie de criterios para referirnos con propiedad a los fenómenos educativos. Tales rasgos definitorios responden a los criterios de contenido, forma, uso formativo y equilibrio, para pasar de una definición mera- mente nominal a una definición real.

El capítulo dedicado a la relación educativa (capítulo segundo) constituye, en cierta forma, una continuación o prolongación metodológica necesaria del primer capítulo. En este capítulo, el profesor Touriñán se esfuerza por distinguir e identificar la particularidad propia de un tipo de relación, la relación educativa, que es diferente y distinta a otros tipos de relaciones que también pueden establecerse en el contexto educativo, no siendo propiamente educación. Se trata de relaciones de cuidado, comunicación o convivencia. Así, la relación educativa se hace de carácter axiológico, personal y patrimonial y de carácter integral, gnoseológico y espiritual (p. 116). Es el momento en que la educación se pone en acto, es un riesgo que exige una comprensión adecuada de la libertad y la neutralidad (p. 123 y ss.) y que, como intuye el propio Touriñán, nos lleva a una comprensión de la relación educativa en términos de compromiso, responsabilidad y compasión.

En el tercer capítulo se «abre» la relación educativa a la reflexión intercultural en tanto que se entiende como una respuesta de cualificación de la educación desde el principio educativo de la diversidad y la diferencia. Se trata de cómo enfrentar educativamente la convivencia en territorios plurales y diversos. En este sentido, Touriñán entiende la educación intercultural como uso y construcción de experiencia axiológica sobre la diversidad y la diferencia dentro del conjunto educación (p. 157) con el fin de capacitar al educando para elegir y realizar su proyecto de vida (p. 161) desde la noción de identidad y derechos culturales (p. 170). Realizándose la educación en un territorio, necesariamente debe abordar la cuestión de la convivencia; sin embargo, en este capítulo hemos echado en falta una perspectiva más holística que incluyera también el medio ambiente y la naturaleza; esto es, que no solo hubiera tratado la educación intercultural sino también la educación ambiental.

En el cuarto capítulo se añaden dos elementos que profundizan la definición real (en tanto que actividad interna orientada por una finalidad) del concepto de educación y que sirve, además, para comprender el porqué de una pedagogía mesoaxiológica. En este capítulo se entiende el paso que Touriñán da desde la definición nominal de educación, al establecimiento de la definición real y los criterios que la acompañan. En efecto, la definición real de educación es confluencia de carácter y sentido; el carácter de la educación es su determinación, mientras que el sentido es lo que la cualifica. Esto es, la específica perspectiva o enfoque atendiendo a la vinculación que se establece entre el yo, el otro y lo otro (p. 179). Tanto carácter como sentido forman parte de los rasgos que determinan la definición real de educación. Una vez establecida la definición real de educación. De ahí que pueda darse el paso a convertir las áreas culturales en ámbitos de educación (p. 187).

Además de avanzar en la «definición real» de educación, este capítulo es importante por cuanto profundiza en la condición «mediada» de la pedagogía. No solo como ámbito de conocimiento autónomo de la educación, sino también como conocimiento necesario para transformar áreas culturales en ámbitos de educación. Sin embargo, y como ya avisa Arendt, la pedagogía no puede emanciparse por completo de la materia concreta que se va a transmitir; dicho de otro modo, es necesaria la mediación. No podemos pensar que basta la pedagogía para la construcción de ámbitos de educación; es necesario también el conocimiento de las áreas culturales. De ahí la necesidad de una mediación.

La educación para el desarrollo de los pueblos (capítulo cinco) puede entenderse como una prolongación necesaria del capítulo tres sobre la educación intercultural y la educación cívica. Mientras la educación intercultural y cívica se basa en los derechos de tercera generación (basados en la identidad), la educación para el desarrollo es una forma de entender el desarrollo de la «ciudadanía planetaria» basada en la solidaridad y orientada por los derechos de cuarta generación. Este nuevo ámbito educativo implica además educar para la sostenibilidad, el consumo y el emprendimiento. En este capítulo, sin embargo, sí existe la preocupación ambiental que se echaba en falta en el capítulo tercero.

Esta preocupación pedagógica por el desarrollo de una ciudadanía planetaria es necesario entenderla no solo en términos de solidaridad y desarrollo. La idea de una ciudadanía que supera los límites territoriales y culturales de la propia comunidad es antigua; la novedad es que solo ahora esta noción es una necesidad histórica socio-política. Comprender lo que significa la pertenencia a la humanidad es una exigencia ética que interpela a la educación. En la educación universitaria es cada vez más importante esta dimensión internacional en los estudios y en los campus, algo que no se limita a la adquisición de idiomas extranjeros.

El capítulo sexto está orientado a justificar la necesidad de competencias profesionales especializadas para intervenir en el ámbito educativo desde la fundamentación y legitimación que ofrece el conocimiento propio de la educación. El desarrollo de estas competencias profesionales está íntimamente ligado a la función pedagógica. Así, lo específico de la función pedagógica es generar hechos y decisiones pedagógicas que permiten justificar, explicar y descubrir qué y cómo se producen y/o deben producirse cualesquiera estados de cosas, acontecimientos y acciones educativas (p. 243). Lo importante de este capítulo es la capacidad del autor para vincular la necesidad de competencias profesionales específicas a la función pedagógica, estableciendo así un puente o un nexo entre las necesidades profesionales y las exigencias derivadas del propio conocimiento de la educación. De ahí que pueda afirmarse que la función pedagógica se identifica como actividad específica con fundamento en conocimiento especializado (p. 247). Junto al primero, en este capítulo (titulado «Dónde está la educación: a propósito de la pedagogía mesoaxiológica») descubrimos el núcleo fundamental de la obra. ¿Por qué la pedagogía es mesoaxiológica? Porque cualquier área de experiencia debe ser transformado en medio o ámbito de la educación (p. 330). Esta transformación sería un mero proceso técnico de no ser por la índole moral que caracterizan los procesos educativos. De ahí la necesidad de que sea una transformación en la que se integran los valores (mesoaxiológica), no solo en el «proceso» (la dignidad del educando nos impide tratarlo de cualquier forma) sino también desde una perspectiva intencional, esto es, atenta a los fines del proceso o de la propia actividad educativa. El acierto del profesor Touriñán, a nuestro juicio, radica en integrar los valores en el proceso de transformación educativa, a través de dos elementos: la mentalidad y la mirada pedagógica (p. 344).

El último de los capítulos del libro («Una aplicación de la pedagogía mesoaxiológica: la educación artística como ámbito de la educación») no podía ser sino un ejemplo, una aplicación del conocimiento de la educación contenido en los capítulos previos. Esto es, cómo hacer para elaborar pedagógicamente un área cultural como el artístico y convertirlo en ámbito de educación. La elección del arte no es casual y revela a la vez la complejidad intrínseca en los propios procesos educativos, frecuentemente comparados con los procesos artísticos por cuanto el resultado es una obra original y no una obra industrial. La acción educativa, señala Touriñán, ofrece no solo una perspectiva teórico-práctica, sino también una perspectiva artística y estética intrínseca (p. 343). Así, puede señalarse que la educación artística, en tanto que es un valor elegido como finalidad educativa, es una parcela de educación sujeta a finalidades extrínsecas.

No podemos finalizar este análisis sin referir otra fortaleza del libro. A diferencia de la pedagogía tecnológica de los años ochenta, y de ciertas mentalidades pedagógicas utilitaristas actuales, el profesor Touriñán apuesta por una mediación mediada axiológicamente. Aunque podría haberse profundizado más en esta temática, nos parece muy acertado el papel tan relevante que se concede a los valores en la construcción de los ámbitos de educación o la determinación de las finalidades educativas, etc. Sirva como muestra la siguiente afirmación contenida en el último capítulo: «no todo vale como contenido en las finalidades de la educación (artística)». Algo que bien puede generalizarse a cualquiera de los ámbitos que elaboremos como educativos: no todo vale.

Juan García Gutiérrez