Vol. LXXVI (2018) - Nº. 269 Realizzo me stesso. Educare i giovani alla ricerca delle possibilità.

Musaio, M. (2016).

Realizzo me stesso. Educare i giovani alla ricerca delle possibilità.

Milano: Mimesis. 238 pp.


Pensar hoy el futuro de nuestros jóvenes es el reto que la autora del libro plantea dentro del ámbito académico y profesional de la actuación educativa, social y cultural; y lo hace desde la autoridad y el rigor de quien conoce el trasfondo filosófico, antropológico y psicológico que subyace a las cuestiones escogidas para abordar el tema. En seguida salta a la vista que, en su mayoría, se trata de cuestiones nucleares, no exentas de problematicidad, bajo un planteamiento que no se conforma con explicaciones simplificadoras de lo humano pero que también huye de sofisticadas argumentaciones. Lo esencial y nuclear se distingue a menudo por la paradoja de manifestarse con sencillez sin perder su complejidad, y esta misma paradoja se va encontrando el lector a lo largo del libro que tiene entre manos.

Las nociones de educabilidad y promoción de lo humano son el punto de partida de todo el discurso antropológico y pedagógico que sostiene la autora, Marisa Musaio (Università Cattolica del Sacro Cuore di Milano, Italia), a lo largo de los tres amplios capítulos que, junto a la introducción, las conclusiones y la amplia bibliografía, completan el libro:

  1. Reconocer a la persona como posibilidad.
  2. Pedagogía como saber de las potencialidades educables.
  3. Educar entre potencialidad y realización de sí.

A la pregunta sobre cómo promover un desarrollo que permita a cada uno llegar a ser cada vez más sí mismo, Musaio responde con una pedagogía que parte de la educabilidad intrínseca de cada persona por la cual el conjunto de sus potencialidades se despliega a lo largo de toda la vida para ser única, singular y nueva; pero no de un modo puramente autoafirmativo y aislado sino en relación con la realidad y con el otro, en el reencuentro con lo humano como elemento de unión (p. 89‑90).

Mención aparte merece el prólogo de Concepción Naval (Catedrática de Teoría de la Educación en la Universidad de Navarra), bajo el título Educación como praxis, que adelanta ya el énfasis del libro en la esencia práctica del saber pedagógico, fundado en la libertad constitutiva de la acción humana, generadora de posibilidades válidas para la educación, aunque de ellas no puedan desprenderse fórmulas teóricas universales y necesarias (p. 16).

Uno de las cuestiones recurrentes y de especial relevancia en el conjunto del texto se encuentra en la mirada que Musaio, bajo la influencia de autores tales como Augé (2013), Bellingreri (2011), De Monticelli (2009), Hargreaves y Shirley (2012), Mancini (2008), dirige hacia jóvenes y adolescentes. Ellos son considerados como grupo generacional que posee sus peculiaridades pero que no queda determinado por ellas, ni siquiera encasillado en una etapa de tránsito hacia la madurez, incomunicado y distanciado del mundo adulto, el cual dejaría así de ser referencia válida para un futuro posible. Al contrario, a través del crecimiento adolescente, a través de las pruebas e hitos del desarrollo que el adolescente debe afrontar, el adulto de referencia (educador, padre, madre…) es llamado a interpretar su propio recorrido existencial, las pruebas propias de la vida en general: la tensión entre el deseo y el cansancio de vivir, entre la apertura a la vida y la aceptación del límite que nos impone, etc. (p. 97). Solo desde una escucha permeable a dicho cuestionamiento intergeneracional, es posible generar la «buena recipro‑ cidad» de Mancini (2008) entre jóvenes y adultos, por la cual no solo el joven se presenta frente al adulto como futura «promesa», sino que el propio adulto también se constituye en «promesa» para el joven, en testimonio no limitado a la simple transmisión de conocimientos, normas o valores, sino abierto a la esperanza de que es posible labrarse un futuro a pesar de la incertidumbre, la precariedad o la fragilidad de la existencia, y que este futuro no es reducible a la supervivencia individual o a la satisfacción de necesidades personales (p. 212).

La cuestión del límite y de la fragilidad constitutiva de la persona resulta decisiva para la respuesta que la educación puede ofrecer al cumplimiento de lo humano. El recorrido existencial de cada uno se delinea en términos de potencialidad y de fragilidad, entendidos no de modo excluyente o contrario sino complementario y unificador. Cada persona puede «corresponder a la forma que le es propia, es decir, a su vocación, a la llamada que el mundo y el otro le apelan sin correr el riesgo de ser expropiada de sí misma» (p. 124). Esto solo es posible si se reconoce y se vive la propia fragilidad como elemento posibilitador de crecimiento humano, si no se esconde ni se evita como si de una debilidad se tratase. Esta capacidad para integrar la propia fragilidad es en parte lo que hoy se conoce bajo el término resiliencia, que permite transformar las experiencias difíciles en aprendizajes y adquirir así las competencias útiles para mejorar la propia vida y conseguir mayor autonomía (p. 172‑173).

En este sentido, Musaio coincide con los esfuerzos de la psicología actual por promover la construcción de una identidad estable, a partir de la cual sea posible restablecer el núcleo de la propia interioridad y vivir la experiencia de salir fuera de sí para ir al encuentro de la alteridad (p. 190). El equilibro entre fragilidad y resiliencia sobre el cual trazar el futuro de los jóvenes (y también de la vida adulta) está en aprender a experimentar la dimensión del otro en uno mismo, abriéndose a la confianza en lo posible a pesar de la incertidumbre, la duda, la adver‑ sidad, como motores de flexibilidad y de cambio. Una pedagogía así definida bajo parámetros relacionales insta a abandonar los comportamientos educativos más ligados a la acumulación de logros, experiencias o actividades que alimentan una autorrealización ilusoria, basada en la autosuficiencia engañosa y en el falso individualismo. En cambio, se trata de promover una pedagogía que perciba las aspiraciones y los deseos profundos de los jóvenes como patrimonio de la humanidad que los adultos y las instituciones deben ayudar a realizar de modo tangible (p. 216); por tanto, se trata de una pedagogía más preocupada por atender los factores de riesgo y de protección en los procesos evolutivos, más centrada en descubrir el potencial y talento personal de cada uno y en generar posibilidades de creatividad e innovación, donde la vulnerabilidad de lo humano quede integrada en la confianza en uno mismo y en los otros.

En  definitiva para Musaio este vínculo entre generaciones debe construirse «bajo la insignia de la generatividad» (p. 216) como capacidad de ambas partes de dar vida a algo nuevo que proviene no tanto de la generatividad biológica sino de la relación reconocedora de lo humano. Después de Pedagogia della persona educabile  (2010), en esta nueva publicación Musaio se adentra en la promoción de lo humano como tarea educativa que nos corresponde generar entre todos, si es que a todos corresponde en la vida realizar y compartir un camino personal y nuevo, por el cual «restituir simbólicamente» —en términos de Stoppa (2011)— cuanto se nos ha dado y hemos recibido de otros.

Carmen Urpí Guercia