Dr. Teófilo Rodríguez Neira. In memoriam

El Dr. Teófilo Rodríguez Neira ha sido una de las víctimas del COVID-19 durante el triste 2020 marcado por la pandemia. Nacido en 1934 en Villanueva de Valdueza, en la comarca de su siempre recordado Bierzo, dejó la cátedra de Teoría de la Educación de la Universidad de Oviedo tras el pase por el emeritaje correspondiente. Con anterioridad había sido catedrático de Filosofía de Instituto y del Colegio Universitario de León. Ya en su universidad de destino desempeñó el cargo de director del Instituto de Ciencias de la Educación, presidente de la Revista Aula Abierta, director de su Departamento y fundador del grupo de investigación ASOCED. Su labor investigadora se proyectó más allá de su universidad, compartiendo proyectos, publicaciones y acontecimientos con el conjunto de las universidades españolas. Así, por ejemplo, formó parte del grupo académico SI(e)TE, del que también son miembros los firmantes de este escrito de homenaje y recuerdo.

El encuentro con la persona del colega y amigo y la relectura de sus textos nos trae al corazón y a la memoria los problemas objeto de su preocupación, de todo aquello que le ha hecho pensar sobre el hombre como educador de sí mismo y acaso como estructura de apoyo a la educación del otro. En el conjunto de sus aportaciones académicas, se puede advertir que el tema de la comunicación juega un papel de ensamblaje y de articulación entre las cuestiones que más le interesaron: el sujeto, la mismidad, ese llegar a hacerse y ser uno mismo, por una parte, y la escuela y su contexto, por la otra.

El profesor Teófilo R. Neira advierte cómo el hombre va perdiendo en el tiempo presente la estabilidad y firmeza de una naturaleza que se despliega continuamente. Es menester, pues, construir al hombre como un animal que consiste y se resiste frente a los poderes y controles, de diversa índole, visibles e invisibles. Reclama que la educación ha de partir del hecho primordial de la libertad humana y, por fuerza, de la aceptación de la singularidad como un bien, como un fin: «Somos, por repetirlo una vez más, seres únicos. La educación y la enseñanza, por lo tanto, deberá ser una intervención individualizada. Pero la condición de ser únicos se desenvuelve en una pluralidad de seres únicos» (2018, p. 167).

Nuestro profesor insiste en que ser libre significa estar en una continua situación de tensión de identificación y de distanciamiento de la realidad, incluso de uno mismo, de sí mismo, como realidad; llegar a educarse significa hacerse presente y patente como sujeto en el mundo de una manera original, más allá de lo inmediatamente dado, de lo impuesto. El sujeto crece en situaciones de igualdad y libertad; y es menester someter a crítica la creencia de que la libertad está necesariamente vinculada con la igualdad, dada nuestra experiencia de que las sociedades igualitarias no siempre son sociedades libres. Coexisten sendas tendencias contrapuestas que anidan en el reino de la igualdad social: la pertenencia a una masa común de ciudadanos y la libertad personal fruto y expresión de la realidad individual autoconstruida; la comunidad y la individualidad han de fecundarse recíprocamente.

El sujeto educando es un animal que busca a tientas algo y alguien que le ayude a dar y darse cuenta de la realidad. Tal faena no se puede hacer sino con un continuado esfuerzo, colectivo, sí, pero en última instancia radicalmente personal. Encontrarse cada vez con este amigo que piensa es toparse de nuevo con alguien que, entretanto, encuentra la luz, va caminando a tientas, inseguro pero afianzado en sus posibilidades de dar sentido a la realidad; y que [«te»] comunica con alegría esa experiencia suya tan personal. Para él y para los que le acompañan, el proceso de educar es una invitación a elevar la mirada más allá de lo inmediato; a construir la condición personal componiendo una fortaleza y atalayando el porvenir. Eso sí, tamaña tarea puede hacerse mejor por quien se ha criado en lo alto de los montes y en lo profundo del oficio de leer.

Denuncia el maestro amigo la desaparición de la palabra excelencia del repertorio social y del vocabulario educativo, hasta el punto de considerarse su sola mención un atentado contra la condición humana, condición que se pretende frecuentemente sin estructura, jerarquía y verticalidad algunas. La excelencia, como meta y aspiración, ha encontrado serias dificultades en la lucha contra otras pretensiones que se han apoderado del corazón y de la mente de las personas. La excelencia, entendida como proyecto personal, como dirección asumida desde la razón, como dignificación individual del sujeto, va más allá del consumo de objetos creados exclusivamente bajo el signo de la moda, sometidos a cambio permanente y aparentemente creados exclusivamente para ti. La voz, la mirada y la mano del maestro nos invitan a sobrevivir en el tiempo y al imperio de la moda; la suya es una mirada que no se deja seducir por la moda, que ve y va más allá de las modas pedagógicas, de los falsos mitos en la educación. La suya es una mirada estética: una mirada que actualiza y recrea la realidad, que la descubre y enriquece continuamente más allá de la lógica de la seducción y del deseo.

Según consideraba el propio Teófilo R., su trayectoria académica y personal sería inexplicable sin su asistencia a la escuela de su localidad natal, que le abrió las puertas de un mundo posible, más allá de sus cuatro paredes y del entorno rural del Bierzo de los años cuarenta. Por ello, siempre expresó su clara oposición a todo el conjunto de teorías que a partir de los años sesenta consideraron a la escuela como centro de discriminación y de simple reproducción de la ideología dominante. Su obra Los cristales rotos de la escuela (2010) sintetiza bien todo su pensamiento al respecto, completando lo ya expresado con anterioridad en La cultura contra la escuela (1999), y que se complementaría en el capítulo sobre «Profesores y alumnos» de la obra del grupo SI(e)TE Crítica y desmitificación de la educación actual (2013). Sus propias palabras ilustran su pensamiento:

El sentido común ha desaparecido del escenario escolar y de las fuerzas que debían protegerlo (2010, p. 186) […] Las ideologías han retornado como la única forma de instalación en la sociedad, han tomado la dirección y el gobierno de los centros escolares (Ibidem, p. 192). […] Y muchos pedagogos han entrado en el entramado de esta dialéctica, presentándose como redentores de la humanidad (Ibidem, p. 174).

Las consecuencias del desprestigio a que ha sido sometida la escuela como institución ha provocado una degradación del rol del profesorado. Automáticamente, el profesor comienza a desintegrarse, a ser juzgado, a ser devuelto al escenario, a ser cuestionado, a ser puesto en entredicho, a ser considerado como algo innecesario (2013, p. 95).

El profesor Rodríguez Neira defendió el papel social de la escuela frente a quienes se lo negaban, advirtiendo que toda la información existente en internet y en los medios de comunicación no eliminaba la necesidad de un acceso sistemático al saber que proporciona la terea profesional de los docentes, quienes no pueden ser sustituidos por la simple iniciativa de los alumnos, que dejados a su suerte tienden a reproducir las desigualdades que ellos viven en el contexto social (2010, p. 207)

Dado que los alumnos precisan de la ayuda de los adultos para desarrollarse plenamente, el insigne profesor pedía que la escuela no renunciara a la función para la que fue creada, al tiempo que demandaba al profesorado que nadase contracorriente en estos tiempos de comodidad y hedonismo, siendo portador de los valores más positivos de la humanidad, para lo cual no debe renunciar a su autoridad, antes al contrario, porque renunciar a ella supondría desconocer lo que conviene hacer, lo que equivale a renunciar a la propia profesión (2013, p. 112). El maestro amigo es un observador preocupado y denunciante de la prostitución venal de las palabras; así, de la «autoridad» que ha llegado a estimarse como una forma de perversión social; atestigua él la pérdida de toda forma de autoridad, incluso de la autoridad moral del otro-educador, según lo cual el maestro es ya una figura desacralizada y desacreditada, al mismo tiempo que se pretenden imponer (¿en nombre de qué autoridad?) determinadas ideas y creencias sobre cómo mirar el mundo dictadas desde posiciones supuestamente «políticas» y de imposiciones tecnológicas.

Nuestro añorado profesor encarnó los valores del conocimiento frente a la simple información, la seriedad que supone la reflexión frente a la simple demagogia y la falsa amistad con que algunos docentes pretenden enmascarar su falta de saber, de autoridad, frente a sus alumnos. «Se ha ido un profesor con mayúsculas, amigo, sabio, lector incansable, tranquilo y paciente»; así lo han definido sus discípulos de la Universidad de Oviedo (La Nueva España, 6/12/2020).

Como se señaló anteriormente, la relación comunicante siempre dio cohesión a los intereses de nuestro autor. Es como si la frase de Heidegger «el ser del hombre se resuelve en el habla», se hiciese presente en su obra ya desde un principio. Bastaría leer su Intelección y lenguaje en San Agustín (1973) o «La Pedagogía y la configuración del yo en un mundo mediático» (2018), donde, en un espacio de 45 años, vuelve, con la actualización pertinente, a interesarse por el «ser uno mismo», por el yo configurado, incidiendo en el papel educativo que la escuela, juega en tal construcción. Y en el trabajo Comunicación interpersonal y educación (1987), escrito con el profesor Rogelio Medina Rubio, se intuye ya que los medios de comunicación de masas darán lugar a una nueva forma de racionalidad y, por tanto, a una nueva visión del mundo.

Nuestro compañero siempre preocupado por la comunicación y las nuevas tecnologías escribió un libro profundo y cautivador, imprescindible sobre la cuestión: Hacia una nueva civilización. Los muros de la escuela y el asedio de los bits (2011). En él, a pesar de que es consciente de que los nuevos medios nos abren un camino hacia un progreso moral y cultural, se interroga por las múltiples consecuencias sociales, políticas, económicas, culturales…, así como por su impacto sobre la escuela y el hombre. Es necesario ser consciente de las condiciones y condicionamientos que nos producen, y saber bajo qué variables nos movemos y se desenvuelven nuestras vidas. ¿Se está construyendo un nuevo orden social y político? ¿Cuáles son las tendencias y los escenarios en los que vamos a vivir, enseñar, aprender, trabajar? Estas preguntas quizás nos devuelvan a otros interrogantes, pues con toda seguridad podemos decir que no tienen una respuesta simple y única. Sin embargo, es imprescindible formularlas y ofrecer algunas soluciones con el fin de que la vida se nos haga relativamente visible, comprobable, y no se nos desintegre en un mundo de tendencias contrapuestas e indescifrables.

En este sentido, nuestro querido y admirado Teófilo estuvo siempre atento a estas modificaciones, de tal modo que sus trabajos sobre educación y nuevas tecnologías se convirtieron en una verdadera seña de identidad de su hacer intelectual. Ya en el año 2000 publicaba Textos e Hipertextos evidenciando como las nuevas formas de comunicación afectaban no solo a la narración, sino también a la lectura, a la escritura, lo que a su vez implicaba cambios en el llegar a ser de los alumnos, pues estas nuevas formas comunicativas incidían en sus vidas.

Como integrante del grupo SI(e)TE. Educación, aportó un trabajo de gran interés, donde ponía de relieve la importancia de los media en relación a la manipulación y su utilización política, advirtiendo, una vez más, de su relación con el poder y el necesario papel crítico que la escuela debe jugar en tal contexto (Rodríguez Neira, 2014). Incluso en la más reciente publicación del mencionado grupo (2020), el profesor Rodríguez Neira volvía sobre la cuestión, de tal manera que se adentraba por los vericuetos de la realidad virtual y su impacto, tanto en lo social como en lo personal y en lo escolar; la realidad virtual enseña a los niños a pensar, a construir, a experimentar, a modificar, a simular, si bien, al mismo tiempo advertía: «El futuro digital no está escrito. Un cúmulo de posibilidades, un enorme caudal de resultados están produciéndose cada día… Los niños tienen que aprender a controlar y a dominar las técnicas y las posibilidades informáticas antes de que estas técnicas los esclavicen y se apoderen de sus vidas», (p. 75). Ante tal situación su respuesta era clara, solo la escuela, entre los valores de la Ilustración y las aportaciones de las nuevas tecnologías tiene la solución, solución que no es otra que la formación, la Bildung, que con su preparación germánica tan profundamente conocía. Ni apocalíptico ni integrado, el profesor Rodríguez Neira siempre fue consciente de la aportación de los medios tanto en su sentido positivo como negativo. Como en su propia vida, se mostró también en esta cuestión, optimista, esperanzado, pero a la vez crítico, en su permanente afán de buscar siempre la autenticidad humana.

La larga y rica carrera profesional del Dr. Teófilo R. Neira ha dejado su huella en una notable cantidad de publicaciones en forma de artículos de revista, ponencias en congresos, capítulos de libros, obras en común y obras en solitario. La relación de las aquí citadas es la siguiente:

 

Grupo SI(e)TE. Educación (2013). Crítica y desmitificación de la educación actual. Octaedro.

Rodríguez Neira, T. (1973). Intelección y lenguaje en San Agustín. Philipapers, 18, 145-156.

Medina Rubio, R. y Rodríguez Neira, T. (1987). Comunicación interpersonal y educación. revista española de pedagogía, 45 (177), 305-540.

Rodríguez Neira, T. (1999). La cultura contra la escuela. Ariel.

Rodríguez Neira, T. (2000). Textos e hipertextos. Aula Abierta, 75, 3-26.

Rodríguez Neira, T. (2010). Los cristales rotos de la escuela. Sello edit.

Rodríguez Neira, T. (2011). Hacia una nueva civilización: los muros de la escuela y el asedio de los bits. Universidad de Oviedo.

Rodríguez Neira, T. (2014). Opinión pública, educación y política. En SI(e)TE Educación, Política y Educación (desafíos y propuestas). Dykinson.

Rodríguez Neira, T. (2018). La Pedagogía y la configuración del yo en un mundo mediático. En SI(e)TE Educación, La Pedagogía hoy. Andavira.

Rodríguez Neira, T. (2020). La realidad virtual: algunos usos y aplicaciones. En SI(e)TE Educación, Saber para hacer en educación. Andavira.

 

 

         Antonio Colom Cañellas

Universitat de les Illes Balears

        Jaume Sarramona López

Universitat Autònoma de Barcelona

        Gonzalo Vázquez Gómez

Universidad Complutense de Madrid