| Narraciones de maestros. |
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There are no translations available. Cantón, I. (Coord.) (2010). La profesión docente ha sido tanto ensalzada como denostada a lo largo de la historia. La idea de recoger las vivencias de personas relevantes del mundo de la cultura sobre los maestros ha tenido una extraordinaria acogida; tan numerosa como la que tuvo hace un año el libro Narraciones de la escuela. Se trata de recopilar historias de vida, creencias, sueños o paradigmas, presentándolos de forma transversal, a la manera de la corriente hermenéutica. Son narraciones que laten y definen una profesión tan necesaria, tan antigua, con tanta historia y con tantos avatares, conocidos y desconocidos. El libro Narraciones de maestros que aquí presentamos, ha sido coordinado por Isabel Cantón Mayo, Catedrática de la Universidad de León y profunda conocedora del tema, por varias razones, la primera por haber sido, en los comienzos de su profesión, maestra y ahora, por estudiarla a fondo como investigadora y por ejercerla como profesora de Didáctica y Organización Escolar. Reconociendo la dificultad de introducirlo de forma correcta, por sus características, a la vez literarias y pedagógicas, damos comienzo al libro con una truculenta historia, la cual evidencia el devenir de la profesión y la necesidad de la misma. Siguiendo en la línea pedagógica se hace una apresurada diacronía, que va desde los maestros que pasaban hambre, a los futuros Graduados de las titulaciones actuales que, ya el Espacio Europeo de Educación Superior, dignifica mucho más la profesión. Se evoca en él a los protagonistas de la Institución Libre de Enseñanza, que nos hicieron ver, como Unamuno, la diferencia entre profesor (que profesa algo) y maestro (que sabe y sabe enseñar). También se apunta la necesidad de la didáctica, recogiendo la línea de José Manuel Esteve, recientemente fallecido, en su libro La aventura de ser maestro, quien también rebate la idea de que para enseñar algo sólo hay que saberlo. A través de estos relatos, se reflejan las dificultades que atraviesan los maestros noveles hasta que forjan una identidad propia y se desprenden de la mentalidad de alumno, adquiriendo la de profesor. Se hallan además recomendaciones sobre lo que deben hacer, lo que deben evitar, hasta lo que deben pensar; y los problemas de integración y supervivencia en una profesión tan reglada y tan hermosa. Se recoge además un decálogo de Gabriela Mistral para la mejor dirección de la vida docente. Este libro hace a los maestros protagonistas indiscutibles de la obra y a la vez les rinde un homenaje,mostrando su pasado y abriéndoles las puertas del futuro. Los autores son veintitrés escritores de distintas tendencias y también de generaciones diferentes. Los vamos a encontrar en el libro por orden alfabético de nombre y categorizados, en la introducción del mismo, por el tema que abordan. A la primera categoría, evocando a Machado, se denomina Sobre la tierra amarga. Se incluyen varios cuentos, comenzando con el de Eloísa Otero La autoestima en un charco de agua donde muestra a un profesor actual, derrumbado, al que sus alumnos ridiculizan y no los puede castigar; a quienes recurre y no le pueden ayudar, y se cuestiona entonces la nobleza de su profesión. Doña Lucrecia y los barberos de César Gavela, nos presenta un prototipo de maestra de los años cincuenta en el Bierzo: “Doña Lucrecia era enérgica, piadosa, inteligente y muy recta, a quien la tragedia hizo, además, callada, ocultando los secretos de la vida”. Jesús Díaz Fernández, con La última lección, revive la historia de muchos maestros de la posguerra y de su tristeza, contraponiendo el saber a la fuerza y dejando un hermoso legado testimonial a sus alumnos. Con Cielo distante, Pablo Andrés Escapa nos narra las aventuras de un maestro aviador que enseña a sus alumnos una cesta llena de tiempo. La segunda categoría, denominada Escuela monástica, comienza con Los guardianes del reloj de Aurelio Loureiro, quien describe la miseria, la monotonía y el paso del tiempo en una escuela minera donde se utilizaba el palo frecuentemente y los castigos que obligaban a la obediencia y a la sumisión; donde el reloj se convierte en pesadilla y símbolo del destino. Lourdes Ortiz, en El Maestro, nos muestra a un maestro vocacional, centrado en sus alumnos, que renuncia a tantas cosas por educar “a los hijos de otros”. En Pecados capitales de provincia, Luis Artigue nos narra una historia en la que el edificio escolar “ha comenzado a ceder y el tejado a caerse” pero su entrada en él le permite rescatar una última vivencia escolar. Mercedes y Merceditas, de Pablo D´Ors, es la autobiografía de un perdedor escolar, que llora entre las burlas de sus compañeros por un amor cándido perdido y otro más cándido aún encontrado inesperadamente. Ramón Carnicer nos dejó ya hace años un Momentum Paedagogicum, donde las retahílas y los golpes en las palmas de la mano acompañaron un aprendizaje a cargo deuna maestra de armas tomar. Otro grupo se titula, rememorando a Baudelaire, Placeres espantosos y dulzuras horrendas, aunque si seguimos a Santos Guerra, le vale el título El caso de la nieve frita, por las contradicciones y antinomias pedagógicas que se presentan en los relatos que lo integran. Enrique Álvarez, en Micromemorias de un escolín forzado, cuenta que en su infancia, cuando iba camino del colegio se identificaba con el cerdo cuando le llegaba el momento del sacrificio; en él hay un desfile de maestros que consiguieron, casi con sangre, el amor al conocimiento en su discípulo. En Maestros, Luis Miguel Alonso reflexiona sobre la evolución de la profesión ‘los de ayer son recordados, los de hoy hay que reconocerlos’ haciendo un repaso a la diacronía escolar en una ciudad de provincia. El día que Picasso me escribió una carta, de Marifé Santiago Bolaños, cuenta las aflicciones escolares de una niña que se mueve entre lo contradictorio de querer aprender y las bofetadas y castigos escolares, en un entorno hostil donde las hadas buenas vencen. Ana Isabel Conejo, con El gajo, desempolva su memoria escolar con un hecho que marcó su infancia de alumna aplicada e insegura: un examen en el que la copia de una pregunta hace reflexionar años después sobre la conducta escolar. El afilador y la pastora de Atanasio Serrano es curiosamente el único cuento con una dosis de ingenuo erotismo, pero llama la atención que sea un maestro cura quien lo escriba. Rogelio Blanco, en La Circunferencia, presenta las vivencias de niños y maestros de una sacrificada escuela rural y la difícil salida a flote del talento individual si se le da una pequeña oportunidad. Una cuarta categoría se forma, parodiando a Sócrates, bajo el epígrafe de La escuela como el mayor de los misterios, o también La escuela como caja negra, como arenas movedizas, o como cámara oscura. En El cofre y tres monedas de Adolfo Alonso Ares se nos muestra a don Riquelme, un maestro que “solía acompañarse de cuentos, fábulas y leyendas que explicaba a los chicos” y que con la aparición de un cofre en una vieja casa maragata envuelve en misterio el relato de un maestro desaparecido. Con Secretos del corazón de la maestra, Isabel Cantón rememora una oscura historia que oyó contar de niña y que transcurre entre misteriosas encinas de un camino solitario por el¡ que transita una joven maestra. María Gudín, fiel a su trayectoria medieval, nos presenta en Belmonte a una niña transportada en el tiempo en un contexto de torneos de aprendizaje de la historia. La metaliteratura se asoma en el relato de Ricardo Magaz, que, en Cuídate del hombre de un solo libro, evidencia la síntesis, no exenta de vanidad, de un docente sobre el saber. Los Cuadernos de Tina, de Margarita Merino, presenta la iniciación en el magisterio de Tina con enseñanzas fundamentalmente morales, fantásticas, entremezclando el pasado familiar y el presente, en una escuela con magisterio de dolor, de compasión y de aventuras insomnes. Finalmente, hay un grupo de cuentos que mira al futuro. Lo hemos llamado Vivir en puntas de pie, como poetizaba Antonio Machado o Tender los brazos a más. Clara Isabel Martínez, en La reunión de los miércoles, abre un resquicio en la vieja escuela con una maestra ingeniosa que introduce en ‘la igualdad’ a los monótonos y tradicionales padres de sus alumnos. Didáctica del velocípedo, de Susana Barragués, es la penúltima aportación al volumen, donde la maestra Nélida se estrella contra el hielo, y sus alumnos se acercan, por turnos, a su boca para recibir su gélido aliento. Isabel Cantón, finalmente, con Misteriosa Gioconda, recupera la foto escolar de una niña de su familia, que constituyó la portada del anterior libro; en este último relato, presenta, novelada y reconstruida, la triste historia de la niña de la foto, haciéndole un homenaje personal para evitar que caiga en el olvido. Estamos ante un libro de tipo antológico, esto hace muy amena su lectura. Nos entretiene y a la vez nos enseña, nos hace reflexionar sobre los modelos de maestro, sus rasgos positivos, los negativos. Es un libro que no acerca a la comprensión de una profesión tan antigua, tan necesaria y tan actual. Consuelo Morán Astorga |
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