| El patrimonio histórico-educativo. Su conservación y estudio. |
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There are no translations available. Ruiz Berrio, J. (Ed.) (2010).
El libro que presentamos ha sido editado brillantemente por el profesor Julio Ruiz Berrio, quien también se ha encargado de la introducción, además de un capítulo. Tras destacar, en esta primera aportación, la extensión e importancia que están tomando poco a poco los enfoques de historia de la educación centrados en la mirada de la cultura escolar y, en concreto, en la cultura material e inmaterial de los centros educativos, se lamenta con razón el profesor Ruiz Berrio de las consecuencias negativas que la crisis económica puede tener en estas líneas de investigación que, como todos sabemos, requieren de mayor fuente de ingresos aunque sólo sea para el mantenimiento de la cultura museística de la educación. El libro está estructurado en cuatro grandes partes. La primera, referida a algunos conceptos básicos, está a cargo de los profesores Reyero («Pautas para la realización de un estudio etnográfico sobre objetos escolares»), Canes («Objetos escolares y museos de educación»), y de las profesoras Yanes («El patrimonio educativo inmaterial. Propuestas para su recuperación y salvaguarda»), y Carreño («Memoria e Historia de la Educación»). El profesor Reyero argumenta antropológicamente la idea de ver en los objetos escolares prácticas de formación en un contexto espacial determinado. El profesor Canes propone, tras catalogar los diferentes objetos escolares y su riqueza patrimonial, lanzar el proyecto, realmente de envergadura, de un Museo Nacional de la Educación. La profesora Yanes se centra en desarrollar la sugerente idea del patrimonio educativo intangible y lo concreta en diferentes campos (tradiciones y expresiones orales, prácticas, rituales y festividades, etc.). La profesora Carreño analiza de modo muy interesante la relación entre la historia, la memoria y la capacidad de recordar, considerando que “recordamos para aprender” (p. 112), para aprender a elaborar una memoria transformadora, concepto clave para entender el patrimonio de un modo dinámico y vivo. La segunda parte, la más extensa, se centra en algunos aspectos de los museos de educación. Esta parte se distribuye en diversos capítulos a cargo de los profesores Ruiz Berrio («Los museos de educación y la historia de la educación»), Álvarez Domínguez («Nuevo concepto de los museos de educación»), Rabazas y Ramos («Patrimonio histórico-educativo de España. Museología y Museografía»), Martínez Alfaro («El Patrimonio de los Institutos históricos»), González Ruiz («El papel de la inspección en la recuperación del Patrimonio histórico») y, por último, Rodríguez Guerrero («Actuaciones prioritarias para la conservación del Patrimonio Histórico de las instituciones educativas»). Es muy interesante la defensa conceptual que realiza el profesor Ruiz Berrio para justificar que su enfoque predominante al reflexionar sobre los museos de educación es el histórico. Sin desdeñar en ningún caso otras posibilidades que él mismo señala considera, sin embargo, que “las relaciones de la museología de la educación con la historia de la educación son privilegiadas por la naturaleza de las dos disciplinas y por el enfoque moderno (...) de las mismas” (p. 137). Álvarez Domínguez defiende, entre otros planteamientos, la capacidad educativa de los museos como centros educativos insustituibles en las experiencias de la cultura popular. Las profesoras Rabazas y Ramos retoman la importancia del surgimiento de la historia cultural de la educación señalando los textos más relevantes que, a su juicio, han contribuido a afianzar esa corriente, así como destacan igualmente las nuevas direcciones en torno a la ecohistoria pedagógica, la museografía comunitaria, la virtualidad museística, la perspectiva de género, etc. La profesora Martínez Alfaro se refiere principalmente a los Institutos Históricos como museos señalando el interés concreto de esta perspectiva museográfica que complementa a las anteriores y, al mismo tiempo, tiene sus propias e interesantes particularidades, entre ellas, encontrarse más cercanos y apegados a los intereses de los profesores de secundaria. El profesor González Ruiz realiza también una contribución muy concreta, centrada, en ese caso, en el papel de la Inspección en la recuperación del Patrimonio escolar, recordando las propuestas programáticas del I Seminario centrado en este tema y celebrado recientemente. Insiste en que de lo que se trata es que los inspectores integren en sus diversas tareas la preocupación por salvaguardar el patrimonio histórico escolar. La profesora Rodríguez Guerrero retoma el interés por cuidar el rico patrimonio de las diversas instituciones escolares, no sólo institutos, destacando la singularidad de cada tipo de patrimonio dentro de esas mismas instituciones (bibliotecas, laboratorios, etc.). La tercera parte del libro esta dedicada a los museos virtuales de educación en España. Precisamente, este es el título de la contribución de la profesora Collelldemont quien, tras defender la urgencia de un modelo museal sustentado en la virtualidad, expone resumidamente las contribuciones y posibilidades, desde esta perspectiva, de los museos histórico-educativos existentes en nuestro país. La profesora Ossenbach y el profesor Somoza dedican su contribución conjunta, con unas referencias bibliográficas web muy interesantes, a «Los museos pedagógicos virtuales y la enseñanza de la Historia de la Educación. Posibilidades y desafíos». Uno de sus argumentos principales es que los museos pedagógicos virtuales, a diferencia de los otros, tienen mayores posibilidades técnicas de entenderse como representaciones para ser leídas e interpretadas. La cuarta parte del libro y última abarca dos capítulos más, centrados, en esta ocasión, en el análisis de dos museos presenciales concretos. La primera contribución es de la profesora Linares y lleva por título «El museo de las escuelas: un espacio en construcción». Está dedicado a presentarnos, con el esfuerzo colectivo del equipo de Historia Social de la educación de la Universidad de Luján, la génesis y el desarrollo de este museo en la ciudad de Buenos Aires. La segunda aportación es a cargo de la profesora Colmenar y está dedicada a presentar «El museo de historia de la Educación ‘Manuel Bartolomé Cossío’». Este Museo surge en la Universidad Complutense por iniciativa de los profesores Ruiz Berrio y Martínez Navarro a finales de los años 80. La profesora Colmenar hace un recorrido por sus inicios, dificultades y, sobre todo, labores, actividades y personas que han contribuido con su trabajo o apoyo a su mantenimiento y crecimiento, para terminar destacando los retos del futuro que no pueden ser otros que seguir siendo, como parece gusta decir a su director el profesor Ruiz Berrio, un “taller-laboratorio”. Como habrá podido apreciarse es un libro ambicioso, con 16 autores, 14 capítulos, y más de 350 páginas llenas de ideas e historias sugerentes de las nuevas tendencias historiográficas en torno al patrimonio histórico-educativo. Fernando Gil Cantero
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