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García-Marirrodriga, R. y César Durand, J. (Coords.) (2009). Alternancia y construcción de alternativas educativas. La aventura de una formación-acción-investigación universitaria. (Buenos Aires, Miño y Dávila). 189 pp.
La Alternancia es un sistema educativo que se origina en Francia en 1935 e implica «alternar» el aprendizaje entre períodos desarrollados en la escuela y lapsos en el campo laboral. Se establece así un continuum de construcción de conocimientos entre ambas instancias.
La Alternancia surgió en el ámbito rural francés e implicó estancias de trabajo práctico en las explotaciones rurales y en el centro de formación, de manera que los jóvenes no abandonaran el campo para proseguir los estudios medios, sino que fueran y vinieran de la explotación a la escuela, resignificando en un ámbito lo aprendido en el otro. Se alternaban de ese modo períodos de aprendizaje en las propias explotaciones con períodos de trabajo en el aula, sin que se generara una ruptura entre ellos. Antes bien, la integración armónica de ambos espacios de conocimiento fue el eje epistemológico que vertebró la experiencia y que la ha mantenido viva. El impulso de la creación del sistema partió del padre Granereau y de un grupo de padres y colaboradores que se responsabilizaron colectivamente del centro de formación y crearon de este modo la Maison Familiale. Al poco tiempo, el movimiento inicial se transformó en Pedagogía de la Alternancia, y se difundió primero por los países europeos y después por todo el mundo.
Este fecundo sistema se inserta en una rica tradición pedagógica y en él resuena el eco de la voces libertarias del Tolstoi, de Jasnaya Polyana o de las escuelas del Avemaría que Andrés Manjón rescataba en sus modestas libretas. También reconoce posibles filiaciones con el personalismo de Luigi Stefanini y Emmanuel Mounier o, más cercano al movimiento original, con el pensamiento del filósofo y agricultor Gustave Thibon, o de la escuela nueva de Ferrière, Kerschensteiner o Makarenko.
La obra que se comenta en esta oportunidad fue coordinada por dos profundos conocedores de los principios de la Pedagogía de la Alternancia: Roberto García-Marirrodriga y Julio César Durand, profesores e investigadores universitarios de dilatada trayectoria. Resalta en sus páginas una aplicación muy original de la Pedagogía de la Alternancia a través del relato de la ingeniería pedagógica de una carrera de grado universitaria elaborada y puesta en marcha a través del trabajo cooperativo entre los profesores y los propios estudiantes, directores y formadores –la mayoría de estos últimos– de los Centros de Formación Rural de la Fundación Marzano (Argentina) que utilizan el sistema de alternancia.
Junto con los colaboradores de los distintos capítulos, los autores intentan mostrar que la alternancia también es posible como esfuerzo cooperativo e interdisciplinario en el nivel universitario y que, además, los propios estudiantes pueden colaborar en la reflexión sobre su perfeccionamiento de una manera rigurosa y de ese modo pasar de ser actores a convertirse en autores del proceso de perfeccionamiento, en una suerte de formación-acción-investigación universitaria. Lo que resulta más notorio de la propuesta es la manera en que tantos los profesores como los estudiantes se evaden del modelo del Magister dixit, a partir del cual todo conocimiento sólo puede proceder de los maestros y de la enseñanza tradicional y reeditan, en cambio, la mejor tradición medieval universitaria en la que profesores y estudiantes son coproductores del saber experto. El trabajo colectivo que resulta de esa interacción articula disciplinas, centra la enseñanza sobre el aprendizaje autónomo que integra instancias del trabajo profesional a las tareas universitarias, y conjuga el saber experto con el saber de la experiencia y de la situación.
El libro está estructurado en dos grandes partes o secciones que se subdividen en cuatro capítulos. La primera parte –que comprende dos capítulos– se abre con una necesaria aclaración sobre los objetivos del libro y la naturaleza de la singular experiencia universitaria realizada. La escribió García-Marirrodriga. El primer capítulo, a cargo del mismo autor, deslinda el sentido de la alternancia de las llamadas «falsas alternancias», es decir, usa la vía negativa –aquello que la alternancia no es– para recuperar su sentido primigenio. También se refiere a los actores institucionales de la alternancia en el mundo.
Concluye con una argumentación sobre la posibilidad de denominar a la alternancia sistema educativo transformativo de formación- desarrollo,más que simplemetodología pedagógica de tipo transmisivo. El segundo capítulo, escrito por Julio César Durand, alude a otras experiencias universitarias de formación en alternancia. Ya dentro de la segunda parte, el capítulo tercero –escrito conjuntamente por AnaMaría Amarante, Florencia T. Daura y Durand– presenta la ingeniería pedagógica de una formación universitaria. Hilda Difabio de Anglat y Roberto García-Marirrodriga presentan en el capítulo cuarto el itinerario de la formación-acción-investigación en la producción de los saberes y pasan revista a los supuestos epistemológicos que subyacen en los procesos de investigación que culminaron en la elaboración de la tesis de Licenciatura dentro del marco de la propuesta.
Según los autores, la elaboración de la tesis fue el hilo conductor de todo el diseño curricular. Por último, el libro se cierra con conclusiones generales y lecciones aprendidas en el ámbito de la experiencia, presentadas por los dos coordinadores. Es interesante cómo enlazan la enseñanza universitaria en alternancia con la idea primordial de universidad medieval.
Los autores anexan una serie de apéndices en los que ponen a disposición el lector unas herramientas curriculares y de investigación que pueden ser útiles para profesores y estudiantes universitarios. Resulta también una aportación interesante el prólogo escrito por el pedagogo francés Gastón Pineau sobre la alternancia y la revolución socioeducativa que implica una experiencia como la que se presenta en este libro.
La obra tiene una edición muy cuidada y un aparato crítico actualizado que da cuenta del estado del arte en temas como alternancia, investigación-acción, interdisciplinariedad, didáctica y educación superior, entre otros.
Más allá del valor intrínseco de ser una propuesta concreta sobre la alternancia en la universidad, vale la pena leer esta obra porque resulta una invitación infrecuente al trabajo colaborativo, interdisciplinario y sistémico en el ámbito universitario.
También porque ofrece con generosa donación instrumentos ricos y variados de planificación, conducción y seguimiento de los procesos de aprendizaje en la educación superior, un área de vacancia de la literatura universitaria. .María Cristina Plencovich
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