| El camino hacia bases de datos científicas interculturales |
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El título de este comentario puede parecer contradictorio, pues se suele considerar que es característico de lo científico el descubrimiento de una realidad que no se limita a expresar las dimensiones idiosincrásicas de las cosas unidas a las circunstancias en las que se desarrollan, como la cultura en la que se mueven. Pero también es cierto que los científicos, recordando unas palabras que gustaban usar los existencialistas francesesinvestigan desde Sirio, sino que están inmersos en una cultura, de forma que su lengua, el lugar en el mundo en el que trabajan, el conjunto de sus circunstancias, etc., tiene sobre ellos y sobre la propagación y aceptación de sus ideas, una considerable importancia. Dicho sea de otro modo, unas mismas ideas no tienen igual posibilidad de ser conocidas y aceptadas si son dichas desde Harvard o desde Sudáfrica. Obviamente esto no es un asunto fácil de ser solucionado. Pero es cierto que hay políticas que pueden agravarlo, como cuando las grandes bases de datos, que ponen a disposición de todos los científicos los resultados del trabajo de los académicos del mundo entero, de hecho cierran sus puertas a los que no son de determinadas naciones o a los que no escriben en una específica lengua. En este sentido, debe felicitarse la política que últimamente está siguiendo el Journal Citation Report. En efecto, ciñéndonos al Social Sciences Edition, resulta que las revistas españolas que se encuentran en la edición del 2010, según la noticia que dio el 29 de junio del 2011 su institución editora, han subido de 31 a 48. Concretamente en la sección Education and Educational Research, se han sumado a los que ya estaban (Revista Española de Pedagogía, Infancia y Aprendizaje, Teoría de la Educación, Revista de Psicodidáctica y Comunicar) otras tres: Cultura y Educación, Porta Linguarum y Revista de Educación. La inclusión de estas revistas manifiesta que allí encuentran cabida no sólo revistas con muchos años sino también publicaciones que en un espacio de tiempo relativamente corto han manifestado un buen hacer. Vaya mi enhorabuena a todas ellas. Deseo concluir esta breve noticia con dos observaciones. La primera se refiere a mi extrañeza por el reparto de las 48 revistas entre las distintas ciencias sociales. Me parece que hay ámbitos que todavía no se han propuesto seriamente conseguir alcanzar el status de calidad necesario para poder estar presente en las mejores bases de datos. La segunda quiere ser una alabanza a los editores del Journal Citation Report. En efecto, dentro de la sección Education and Educational Research, se ha pasado de 139 revistas a 177, en este año. Pero lo importante no es el aumento del número. Lo importante es que, por vez primera, se observa una considerable variedad ya que no están sólo revistas americanas e inglesas sino que junto a las españolas y alemanas que ya estaban, también han aparecido revistas portuguesas, mexicanas, croatas, eslovacas, coreanas, brasileñas, sudafricanas, turcas, escandinavas, etc. Es una pena que no haya ninguna francesa ni italiana. Pero es evidente que vamos avanzando en conseguir una mayor interculturalidad en la propagación de la ciencia. José Antonio Ibáñez-Martín |
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